Inconcluso

Vivir en La Plata y viajar a capital me produce cierto cansancio mental, más que la vida rutinaria en sí. Es decir, no solo por la cantidad de horas, sino por el ritmo de vida. Para llegar a destino siempre tengo que tomarme un tren, y uno o más subtes, no importa la cantidad que sea pero termino viendo a más de mil personas en alrededor de una hora, mil personas con historias distintas, y de esas mil quien sabe lo que deben estar sufriendo, si sufren maltratos, si tienen pensamientos suicidas, si son felices o si tan solo se cuestionan la felicidad, todo esto más allá del sistema impuesto en el que vivimos. ¿Cuántas personas están enamoradas? ¿ A cuantas les rompieron el corazón? ¿Cuántas son las personas que no se permiten sentir o reprimen tal sentimiento? ¿Cuantas personas que no creen en el amor? ¿Cuántas veces lloraron o rieron en el día? ¿Cuántas perdieron a un ser querido?. Pensar en la inmensidad y el sinfín de ideales y situaciones me marean, no lo soporto. Dependiendo la hora del día se ven rostros más tristes y agobiados, y a medida que pasan las horas yo me siento igual. Tal vez es un inconveniente el intentar sentir lo que sienten los demás, porque gracias a eso todo termina en lo mismo, o se resume en una palabra: tristeza. Solo sé, que todxs buscamos algo (o al menos creo eso), me incluyo, y no se lo que será. Trato de volver, a entrar en razón, pero termino cayendo en la realidad de que no soy nadie, y me siento sola y vacía en la multitud, sin escapatoria. Vuelvo a mi casa, no salgo por 3 días y todas esas noches vivo cuestionándome la existencia intentando resolver el dilema de mi búsqueda sin fin, y todas mis personalidades se juntan a debatir.


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